
El síntoma es una luz parpadeante que se enciende y nos avisa de que algo se ha salido de su curso. Hay muchos síntomas visibles que “hablan” sobre nuestra salud psicológica en un momento dado de nuestra vida: dolores reiterados en el cuerpo que no responden a una causa orgánica, sentimientos reiterados de tristeza o abatimiento sin que haya una causa desencadenante externa, sensaciones imperantes de frustración o enojo, una autopercepción disminuida, o una sensación tan usual en estos tiempos como el estrés, que nos genera fuertes sentimientos de agobio, irritabilidad, impotencia, ansiedad y angustia.
¿Cómo evitar que estas luces se enciendan? La clave está en educar para la salud: informarnos, educarnos y fortalecernos en nuestro auto cuidado. Así como hemos aprendido que la higiene corporal es fundamental para la salud de nuestro cuerpo, la higiene en nuestra mente también es importante. Y, como todo cuidado, requiere del aprendizaje de hábitos que nos proporcionen una mejor calidad de vida.
Es muy importante pensar en positivo. Una valoración positiva de nuestros rasgos nos permitirá fortalecer nuestra autoestima, pilar fundamental de nuestro equilibrio emocional. Hay que trabajar en ella para mantenerla firme y estable. ¿Y cómo hacerlo? Buscando actividades que nos gratifiquen, nos den placer, que permitan desarrollar nuestras potencialidades, así como trabajar en aquellas cosas que más nos cuestan buscando la autosuperación. Igualmente, destacar los rasgos positivos de los otros contribuye a mejorar nuestras relaciones interpersonales, revalorizándolas.
Otro elemento importante cuando hablamos de psico-higiene es nuestra capacidad para comunicarnos, por un lado con nuestro entorno, para así evitar las confusiones, malos entendidos y frustraciones que derivan del no ser capaces de decir lo que sentimos, queremos y esperamos de los otros. Y, por otro lado, la comunicación con nosotros mismos, la reflexión y autocrítica necesarias para poder descubrir lo que realmente queremos y necesitamos y, a partir de ahí, poder desarrollar un proyecto de vida que vaya acorde con nuestros deseos. Y aquí destaco otro punto fundamental respecto de salud, la necesidad de contar con un proyecto vital como individuos, e incluso como comunidad, un proyecto que nos guíe y nos estimule en nuestra vida diaria. Pero, tan importante como tener proyectos, es saber que muchas veces estos, o partes de ellos, se frustran. Aprender a tolerar las caídas, levantarse y retomar el camino es una piedra fundamental en nuestro desarrollo personal, y todo esto será mucho más sencillo si la percepción que tenemos de nosotros mismos, es decir, nuestra autoestima, está fuerte y sana.
El primer paso para prevenir en salud psíquica es estar informado y saber que todos estos aspectos mencionados tienen que ver con la misma, y que, al igual que con nuestra salud corporal, lo importante es generar hábitos de conducta dirigidos a su cuidado: mimar nuestra autoestima en el pequeño acontecer diario, replantearnos nuestras formas de comunicarnos con nosotros mismos y con los demás, plantearnos objetivos y trabajar por ellos y, en definitiva, tratar de buscar aquello que sentimos que no queremos en nuestras vidas y encaminar nuestras acciones hacia su transformación.
No es posible dar recetas que funcionen a todas las personas por igual. Por ello, cada uno de nosotros debe construir un camino propio. Porque para empezar a ocuparnos de nuestra salud no hay que esperar a enfermar, y una buena salud psicológica refiere a la capacidad que tenemos de manejar nuestros temores y angustias, controlar la ansiedad y enfrentar las dificultades.

